¿Qué me quieres enseñar Dios?

En algún momento de la vida nos hemos hecho cientos de veces esta pregunta ¿Qué me quieres enseñar Dios? Lo cierto es que cada vez que pasamos por algo que indiscutiblemente cambia nuestra vida o que de algún modo trae dolor, solemos hacerle esa pregunta a Dios. Así mismo también hacemos una segunda pregunta ¿Por qué? cuando la que debería de ser es ¿Para qué? A lo largo de la Biblia nos encontraremos cientos de historias que de una u otra forma han cambiado la vida de cada protagonista. Pero si miramos con detalle cada historia plasmada en la Biblia, nos daremos cuenta que todo tiene un propósito y un para qué. Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para afirmar su identidad, seguidamente murió en la Cruz entregando su vida por la humanidad para salvarnos de la condenación del pecado y así a través de su muerte y resurrección recibir la Salvación eterna. El apóstol Pablo siendo perseguido y algunas veces siendo apedreado por aquellos que no conocían de Jesús, llegó a cientos de personas predicandoles y enseñándoles el Evangelio de salvación. Esteban siendo apedreado y llamado un blasfemo aun en su muerte glorificó a Dios enseñándoles a todos sus verdugos que era más importante poner los ojos en el cielo que en cualquier otra cosa. En definitiva Dios siempre nos está enseñando algo nuevo, pero estamos usando los términos equivocados o haciendo las preguntas equivocadas, entristeciendo el corazón de Dios. El desierto no es un lugar de sufrimiento sino un lugar de entrenamiento. Humanamente hablando no podemos evitar el quejarnos o sentir dolor y llorar amargamente hasta que nos quedemos sin fuerzas, pero espiritualmente debemos de levantar nuestras manos y pelear la buena batalla de la fe hasta que seamos expulsados de ese desierto. Pero entonces se preguntará ¿cuándo me va a expulsar el desierto? la respuesta es sencilla: cuando usted ya haya sido equipado y entrenado para caminar en el nuevo nivel a donde Dios lo va a llevar. No podemos ir con actitudes viejas o con un carácter inmaduro al nuevo nivel de gloria donde Dios nos va a llevar. Entonces ¿se da cuenta usted que todo tiene un para qué, y algo nuevo que Dios nos quiere enseñar?

Es muy triste ver a tanta gente saliendo de su desierto porque tienen una mentalidad equivocada en donde creen que morirán en él, y vuelvo a repetir: el desierto no está para que usted muera en él, sino para que sea entrenado y transformado a la manera de Cristo. Las mejores batallas fueron ganadas gracias al desierto, gracias a ese momento de anonimato y de incertidumbre. 

Un carácter maduro se obtiene resistiendo los fuertes golpes del desierto.

¿Cuánto tiempo voy a estar en el desierto?

Esta pregunta la vamos a contestar resumiendo la historia de Israel. Veamos un poco la historia:

Israel estaba en manos de Egipto pero Dios levanta a Moisés para ser el libertador de su pueblo Israel, Moisés hace grandes milagros delante de los ojos del Faraón pero éste con su corazón endurecido no quería dejar libre al pueblo. Cuando por fin Israel sale de Egipto, salieron camino al desierto pero este empezó a quejarse y a murmurar delante de Moisés diciendo que era mejor haber muerto en Egipto que en el desierto y como consecuencia esto produjo que ¡estuvieran dando vuelta 40 años por el desierto! Estaban tan enfocados en lo que había a su alrededor que se olvidaron de ver hacía arriba, de ver a Dios y de agradecer por la columna de nube que les cubría del fuerte sol y del frio de la noche. 

Lo que trato de que usted entienda es que no sirve de nada quejarse y murmurar, pero lo que sí puede provocar es que el proceso o el tiempo que Dios dijo que íbamos a estar en el desierto se alarga cada vez más. Porque hasta que no seamos transformados y cambiados, no vamos a salir de nuestro campo de batalla. La mentalidad hoy en día de muchos creyentes es pensar que sus dones y talentos e incluso ministerios van a ser funcionales si omiten el campo de entrenamiento (desierto) pero tristemente es una mentalidad errónea, por eso vemos a muchas iglesias que no hay crecimiento alguno, que no avanzan, iglesias estancadas porque no están dispuestas a pagar el precio que el ministerio, dones o talentos conlleva. Por eso no huya de su desierto, no huya de su proceso. Es más le digo ¡VALE LA PENA EL PROCESO! vale la pena ser cambiado, renovado y transformado. Vale la pena ser transicionado. Entonces contestando a la pregunta ¿cuánto tiempo estaré en eldesierto? la respuesta es que eso dependerá de su entrega, de su obediencia y de su persistencia. Dios siempre nos esta enseñando algo, pero ciertamente no lo hará a nuestra manera, sino a su manera.

Publicado por Jossy Martínez.

Con amor eterno te he amado; por tanto te prolongué mi misericordia. Jeremías 31:3.

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