Corazón contaminado Pt.5

Hace unos meses publiqué mi tercer libro titulado: Gracias, la llave maestra. En él enseño los principios bíblicos que hablan sobre la importancia del agradecimiento para experimentar todas las bendiciones que Dios tiene preparadas para nosotros. Pero otro aspecto importante de lo que encontrarás en ese libro, es la relevancia que tiene la situación o salud de nuestro corazón, en referencia a nuestro nivel de agradecimiento. Por eso continúo con la serie en la que hablo sobre este aspecto: El corazón y el agradecimiento.

Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; Porque de él mana la vida.

Proverbios 4:23

Nuestro corazón es la parte más esencial, íntima, profunda e importante de nuestro ser. Es lo que conforma la persona que somos, lo que determina la forma en que interactuamos con los demás, la fuente de la que se alimentan nuestras emociones y sentimientos, y lo que nos convierte en seres espiritual y emocionalmente superiores al resto de la creación de Dios. De hecho, nuestro corazón es tan importante que es comparable a un “tesoro” que debemos guardar, cuidar, proteger y mantener sano, pues de éste emana nuestra vida, es decir, quienes somos.

El corazón es el fundamento de lo que somos en esencia, y debemos guardarlo para vivir plena y saludablemente

Juan Camilo Vélez

Es, pues, importante reconocer las diferentes afecciones que pueden influenciar en la salud de nuestro corazón para prevenirlas, o en el peor de los casos, lidiar con sus raíces y poder restaurarlo, cambiando de ese modo el fruto que damos, como por ejemplo, el agradecimiento genuino. Veamos algunas de ellas:

LA MURMURACIÓN, CRÍTICA Y JUICIO PT.2

Por lo cual eres inexcusable, oh hombre, quienquiera que seas tú que juzgas; pues en lo que juzgas a otro, te condenas a ti mismo; porque tú que juzgas haces lo mismo. Mas sabemos que el juicio de Dios contra los que practican tales cosas es según verdad. ¿Y piensas esto, oh hombre, tú que juzgas a los que tal hacen, y haces lo mismo, que tú escaparás del juicio de Dios?

Romanos 2:1-3

Hermanos, no murmuréis los unos de los otros. El que murmura del hermano y juzga a su hermano, murmura de la ley y juzga a la ley; pero si tú juzgas a la ley, no eres hacedor de la ley, sino juez. Uno solo es el dador de la ley, que puede salvar y perder; pero tú, ¿quién eres para que juzgues a otro?

Santiago 4:11-12

Como estos dos textos bíblicos, usted puede encontrar muchos más a lo largo de toda la escritura. Y es que es bien sabido que, la crítica, murmuración y el juicio son un problema común, en mayor o menor medida, a todas las personas. Y no sólo es un problema común, sino peligroso, pues nos acarrea consecuencias desastrosas.

Por eso es importante que aprendamos a identificarlo para poder lidiar con él, pues no podremos vivir una vida plena y satisfactoria, si interactuamos con los demás a través del juicio y la murmuración en contra de ellos.

Vamos a analizar en detalle algunos aspectos que nos afectarán cuando juzgamos, murmuramos o criticamos a los demás, según lo que podemos leer en los dos textos bíblicos de arriba:

Todos afrontaremos el juicio verdadero que viene de Dios:

Un juicio con fundamento debe ser uno basado en una verdad absoluta, la cual, según la escritura, es una persona: Jesús (Vea Juan 14:16). Él es la máxima expresión de la verdad, y el único con la autoridad y naturaleza necesarias para emitir un juicio sobre nosotros Es mejor que pensemos bien antes de permitir que nuestro corazón juzgue a otros, ya que nosotros seremos expuestos a la verdad, y a través de esta seremos juzgados por Dios.

La verdad no es subjetiva, ni depende la situación, el lugar, el tiempo o cualquier otra variante, sino que es eterna y objetiva, como un espejo que refleja lo que realmente hay, sin esconder ni filtrar nada. Aquí entra en juego un aspecto crucial a nuestro favor, el amor eterno de Dios. ¿Por qué? Porque cuando somos expuestos a la luz de la verdad somos hallados “culpables” por nuestra naturaleza pecaminosa, pero su perfecto amor nos redime y perdona a través del sacrificio de Jesús en la cruz. ¿Cómo podemos entonces nosotros, culpables todos delante de Dios, juzgar a otros, cuando aquel que tiene la potestad de juzgarnos no lo hace por amor a nosotros? Por esto le invito a que antes de ver el error ajeno recapacite y piense en sus propios errores y caídas, y recuerde que hay un amor eterno que le perdona y redime del juicio que merece.

En el post de la semana que viene te contaré la última de las consecuencias que nos acarrean la crítica y el juicio, y cómo lidiar con ella. Si te ha gustado o ayudado este post, te agradezco que lo compartas, así edificaremos juntos.

Publicado por Juan Camilo Vélez León

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