Dios es todo lo que está bien

Es imposible afrontar los problemas de la vida cotidiana con nuestras propias fuerzas.

Difícilmente seremos victoriosos en los problemas de la vida espiritual, y en las persecuciones a causa de Cristo, si solo acudimos a nuestras fuerzas.

A medida que confiamos más en Dios, la fuerza del Señor será suplida en nuestra debilidad y nos dará lo que necesitamos para resistir.

Hay un texto en la palabra del Señor que me anima profundamente y me lleva a tomar fuerzas en él.

“Te amo, oh Jehová, fortaleza mía. Jehová, roca mía y castillo mío, y mi libertador;
Dios mío, fortaleza mía, en él confiaré;
Mi escudo, y la fuerza de mi salvación, mi alto refugio”.

Salmos 18:1-2

Todas las fuerzas que el hombre pueda tener son limitadas. No podemos fiarnos de ellas para afrontar las dificultades y para resistir la tentación.

Es necesario entender que nuestra fuerza espiritual no tiene su raíz en nosotros. Si no la cimentamos en Dios, somos como un árbol que no tiene la capacidad de crecer y desarrollarse.

En ese momento alcanzaremos la victoria, fortalecidos en Cristo, venciendo al mundo terrenal y espiritual que nos combate.

Cada lucha, cada prueba, cada tentación pueden desgastar las fuerzas del hombre y la mujer. Pero si nos refugiamos en Dios, nada debe atemorizarnos.

Dice Isaias 40:29:

“Él da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas. Los muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean y caen; pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán.”

Es de suma importancia entender que si no hacemos que desaparezca el hombre viejo y renacemos en el Espíritu Santo, no alcanzarán nuestras fuerzas para luchar contra el pecado.

En el momento en que reconocemos que nada podemos lograr por nosotros mismos o nuestras propias fuerzas, vamos a dejar de temer al fracaso.

Dice 2 Corintios12:10:

“Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte”.

Este texto no nos debe animar a no esforzarnos nunca más y a despreocuparnos, sólo por el hecho de que Dios nos fortalece. Todo lo contrario… La fuerza de Dios actúa en nosotros cuando valientemente nos enfrentamos a los obstáculos que pretenden alejarnos de su propósito.

Es tiempo de fortalecer nuestra fe. No debemos permitir que nada mengue nuestra confianza en Dios.

Si entregamos a Dios nuestra debilidad, Él nos dará su fortaleza. En definitiva…. “¡Dios es todo lo que esta bien!”.

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