La falta de gratitud

Durante el último mes, le he estado enseñando sobre el poder del agradecimiento, y los beneficios que le reportará tener un corazón agradecido. Pero ahora quiero enseñarle cuáles pueden ser los motivos por los que usted no está siendo agradecido, para que pueda lidiar con ellos y comenzar a vivir una vida de agradecimiento genuino. Recuerde que puede leer en más profundidad sobre este tema, adquiriendo mi último libro aquí.

Como ya hemos visto, la gratitud o la acción de gracias es producto de una bondad o favor recibidos, ya que todos tenemos en común necesidades y momentos en los que necesitamos la ayuda de alguien más. Aun así, hay muchos quienes no manifiestan agradecimiento cuando lo requiere, y esto es debido a varios factores, algunos de los cuales vamos a describir a continuación:

Orgullo

El orgullo es un problema originado en el corazón, que impide a la persona aceptar sus errores o debilidades, pues cree que al hacerlo está poniéndose en una posición de inferioridad frente a los demás. Este es uno de los mecanismos de defensa del ego para evitar ser menospreciado o herido, y usualmente es causado por traumas o heridas que no sanaron, o por un egocentrismo que produce en la persona una sensación de superioridad frente a los demás. Una persona orgullosa nunca está dispuesta a pedir perdón por sus errores, pues cree que siempre tiene la razón, y tampoco es capaz de aceptar y recibir la ayuda o favores ajenos porque piensa que no necesita de nadie más que de sí mismo.

Por eso, una persona orgullosa tiene muchos problemas para agradecer aquello que hacen por ella, y suelen decir cosas como “¿Para qué me ayudas si no lo necesito?” O directamente nunca dan las gracias por nada a
nadie.

Inmadurez

Una persona de carácter inmaduro (no siempre está asociado a la edad) es incapaz de agradecer las bondades y favores que recibe, principalmente porque ni siquiera llega a ser consciente de los mismos. Es muy común ver en una persona inmadura que de por hecho que lo que recibe de parte de los demás es siempre merecido, o en muchos otros casos, como lo hace un bebé, sólo busca saciar sus necesidades, y cuando obtiene lo que quiere, es incapaz de agradecer lo que han hecho por ella, porque entiende que son los demás los que deberían estar agradecidos por dejarles en paz (hasta la próxima vez que necesite algo).

Para reforzar este punto, quisiera arrojar algo de luz sobre lo que debemos entender por inmadurez. Desde mi punto de vista, y en relación con el tema de nuestra lectura, yo definiría inmadurez como la incapacidad de una persona para pensar, reaccionar, actuar y relacionarse con los demás, del modo que se le supone que lo haga, en base a sus aptitudes, edad, experiencias, y responsabilidades adquiridas o impuestas. Es decir, una persona inmadura no actúa de forma equivalente a las responsabilidades que tiene; o dicho de otra forma, una persona inmadura es una persona que no cumple con sus responsabilidades ya sean sociales, económicas, emocionales, civiles, familiares, etc. Dentro de nuestras responsabilidades sociales está la de ser agradecidos con los demás, pues es una forma de mantener relaciones sanas y edificar otros.

Un corazón endurecido

Hay muchas personas que han pasado por episodios traumáticos y difíciles en su vida; otras muchas sienten que la vida que “les ha tocado vivir” no es justa y encuentran siempre una justificación ajena a sí mismos para sus problemas; también hay quienes están tan ensimismados en sus propias vidas, que son incapaces de ver aquellos que les rodean y lo que hacen por ellos. Estos son sólo algunos de los tipos de personas que por una u otra razón han endurecido sus corazones hasta el punto de ser incapaces de estar agradecidos o de manifestar su agradecimiento hacia los demás cuando se les bendice, apoya o ayuda de alguna forma.

En muchos de los casos, este endurecimiento del corazón encuentra su origen en decepciones sufridas en alguna etapa anterior de sus vidas, que les aísla emocionalmente para evitar pasar de nuevo por algo parecido, y otras veces es producto de una mentalidad egocéntrica, vanidosa o incluso de una educación deficiente en cuanto a las relaciones y la importancia de aprender a desarrollarlas correctamente.

Como usted ya habrá podido ver, son muchas las causas por las cuales una persona puede infravalorar lo que otros hacen en su beneficio, o tener una actitud desagradecida. Incluso usted podría haberse dado cuenta de que en alguna ocasión, (tal vez más de las que se imaginaba), no ha sido lo suficientemente agradecido con Dios, con la vida que tiene, con sus familiares, compañeros, o cualquier otra persona de la que se rodee, y que esta falta de agradecimiento ha podido ser causada por un carácter orgulloso, falta de madurez, o un corazón que por algún motivo se ha ido endureciendo con el paso de los años.

Si te ha gustado o ayudado este post, te agradezco que lo compartas, así edificaremos juntos.

Publicado por Juan Camilo Vélez León

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