Paz en medio de la aflicción

Como ya sabéis, en breve publicaré mi tercer libro titulado “Gracias, la llave maestra“, en el que describo la importancia del agradecimiento en nuestras vidas, y en medio de esta crisis sanitaria y económica, quiero animarte a leer un extracto en el que te enseño a activar el poder del agradecimiento en medio de la aflicción. Espero que os guste.

Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo. (Juan 16:33)

La promesa de Jesús es que tendremos paz, pero una paz muy especial, es una paz en medio de la aflicción. Es decir, Jesús no promete que nos librará de la aflicción, sino que promete que nos dará paz en medio de la aflicción. Esto es importante porque cuando no tenemos muy claro lo que Jesús nos promete como sus seguidores, podremos caer fácilmente en la frustración, la queja, la duda, la murmuración, la crítica o podemos llegar a renegar de nuestra fe.

Debemos estar agradecidos a Dios porque envió a su hijo para que en medio de los problemas podamos tener paz, pero si malinterpretamos el mensaje del evangelio, y creemos que por ser hijos de Dios no vamos a pasar por aflicciones, es evidente que cuando estas vengan, vamos a sentirnos decepcionados, como que aquello en lo que hemos creído no es cierto. Pero nada más lejos de la realidad. Jesús nos promete su paz, pero nos la da como un arma que debemos usar en medio de las circunstancias adversas, pues nos asegura que éstas van a venir.

Esta promesa de recibir la paz de Jesús en medio de la aflicción se cumple cada vez que pasamos por momentos difíciles, y es justo en esos momentos cuando debemos aferrarnos con más fuerza de ella, para poder beneficiarnos de ella y superar las crisis y momentos duros con paz de espíritu y sin perder las bendiciones de Dios por nuestra queja.


Cuando pasamos por aflicciones, es momento de aferrarnos de la promesa de la paz de Dios, y ser agradecidos con Él por ella.


Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, (Efesios 1:3)

Hay bendiciones de Dios que podemos no haber visto todavía, pero que ya han sido dadas por Dios a nuestras vidas. En este caso, el problema no es que Dios nos haya bendecido o no, sino que muchas veces no nos damos cuenta de las bendiciones que nos da porque no activamos nuestra visión espiritual.

El verso anterior deja claro que ya fuimos bendecidos por Dios con toda bendición espiritual en Cristo Jesús, pero precisamente por la naturaleza de esa bendición, podemos no llegar a darnos cuenta de la misma. Cuando un creyente, que está “en Cristo”, no activa su visión espiritual, y lo procesa todo con sus sentidos naturales, será incapaz de reconocer la obra de Jesús en su vida, comenzando por su propio carácter, su matrimonio, su relación con sus hijos, su ministerio, etc.

Por tanto, usted necesita activar su visión espiritual para poder darse cuenta de que Dios siempre está obrando, siempre le está procesando, siempre está actuando a su favor, y desde la eternidad ya le ha bendecido con toda bendición espiritual. Pero ¿Qué es una bendición espiritual? Pues por ejemplo la oración y el acceso a la paternidad de Dios es una bendición espiritual. Su casa espiritual donde se congrega y es edificado por la palabra de Dios, es otra bendición espiritual. Incluso cada situación o proceso que le lleva a depender más de Dios es una bendición espiritual.

Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados. (Romanos 8:28)

Esta es una de las promesas que pasan más desapercibidas para los creyentes, pues requieren de tener una visión espiritual activada para poder recibirla. A todos nos han sucedido y nos seguirán sucediendo acontecimientos desagradables o difíciles, pero la clave está en entender que si amamos a Dios, y tenemos un propósito al que Él nos ha llamado, entonces cada situación y proceso por el que pasemos, es una bendición, pues su resultado será ayudarnos para bien. ¡Esto es definitivamente algo por lo que estar agradecidos! ¿No le parece?


Una vez más, Dios no promete evitar que pasemos por dificultades, pero sí promete que esas dificultades nos terminarán ayudando para bien, y nos acercarán más a cumplir nuestro propósito.


Por tanto, cuando comprendemos esta verdad, no podemos más que estar agradecidos cuando pasemos por tiempos de bendición, prosperidad y paz, pero también debemos estar agradecidos cuando pasemos por tiempos de escasez, dificultad y proceso, porque eso quiere decir que Dios está trabajando en nuestras vidas para acercarnos al cumplimiento de nuestro propósito.


Tanto los tiempos de bendición como los de dificultades deben ser motivo de nuestro agradecimiento.


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Publicado por Juan Camilo Vélez León

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